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28 ene 2026
La ansiedad como señal: aprende a escucharla antes de que el cuerpo diga "basta".
La ansiedad suele vivirse como algo incómodo, molesto e incluso aterrador.Muchas veces el objetivo parece claro: quitarla cuanto antes. Sin embargo, ¿y si en lugar de luchar contra ella empezáramos a escuchar lo que nos quiere decir?
La ansiedad funciona como una alarma de incendios. No está ahí para fastidiarnos, sino para avisarnos de que algo no va bien. El problema no es que la alarma suene, sino ignorar el fuego que la ha activado.
La ansiedad no es el enemigo
Eliminar la ansiedad no siempre es la solución, ni tampoco realista. En muchas ocasiones, lo realmente importante es entender qué la está provocando y actuar en consecuencia.
La ansiedad aparece cuando nuestro sistema detecta una amenaza, un exceso o una situación que nos desborda. Y aunque a veces no haya un peligro “real”, sí puede haber un desajuste interno que merece atención.
Cuando lo cotidiano empieza a pesar demasiado
En muchas ocasiones, el origen del malestar no está en un gran acontecimiento, sino en la acumulación de pequeñas situaciones cotidianas. Rutinas exigentes, falta de descanso, demasiadas responsabilidades o la sensación constante de tener que llegar a todo.
Es habitual pensar: “puedo con esto y con más”, “no pasa nada”, “ya descansaré cuando tenga tiempo”. El problema es que ese “aguantar” continuo suele tener un coste.
Ignorar la alarma no apaga el fuego
Si solo intentamos silenciar la ansiedad —distraernos, forzarnos a seguir, minimizar lo que sentimos— sin atender a la causa, el problema no desaparece.
Al contrario, el estrés y la tensión pueden ir acumulándose poco a poco, hasta que llega un momento en el que salir de ahí se vuelve mucho más difícil.
Como con una alarma de incendios: si no atendemos al fuego, las llamas acaban alcanzándonos.
Apaga el fuego antes de que sea demasiado tarde
Escuchar la ansiedad implica hacer cambios, aunque a veces resulten incómodos. Algunas claves importantes pueden ser:
Identifica tus límites: aprender a decir que no también es una forma de cuidarte. No todo se puede ni se debe sostener.
Escucha a tu cuerpo: fatiga constante, tensión muscular, insomnio, dolores recurrentes… El cuerpo suele hablar antes de que podamos poner palabras al malestar. No ignores esas señales.
Encuentra tiempo para ti: dentro de lo posible, dedica espacios a actividades que te calmen, te conecten contigo o simplemente disfrutes. No es un lujo, es una necesidad.
Escuchar también es cuidarse
La ansiedad no aparece sin motivo. Prestarle atención no significa rendirse ante ella, sino utilizarla como una guía para revisar cómo estamos viviendo y qué necesitamos cambiar.
A veces, apagar el fuego a tiempo es el mayor acto de autocuidado.
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