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11 feb 2026

Los trastornos de conducta alimentaria (TCA): cómo aprendemos la insatisfacción corporal.

Nadie nace odiando su cuerpo.

Nadie nace pensando que hay algo mal en sus muslos, en su barriga o en sus brazos.

El rechazo al propio cuerpo no es innato, se aprende.

La insatisfacción corporal no aparece de la nada. Se construye poco a poco, a través de los mensajes que recibimos, de lo que vemos, de lo que escuchamos y de cómo se valora socialmente un cuerpo u otro.

El odio al cuerpo se aprende en lo cotidiano

Aprendemos a odiar nuestro cuerpo cuando crecemos viendo cómo se opina y se critica el físico de otras personas.

Cuando los cuerpos ajenos se convierten en tema de conversación constante: en los medios, en redes sociales o incluso en charlas aparentemente inofensivas.

Titulares que hablan del peso de mujeres famosas, comentarios sobre si alguien “se ha dejado” o si “está más gorda”, bromas sobre cuerpos ajenos o frases como “¿has visto cómo iba vestida?”.

Incluso cuando es la vecinauna amiga o alguien que ni siquiera está presente.

Aunque no vayan dirigidos a nosotras, el mensaje cala: mi cuerpo también puede ser juzgado.

Los referentes que consumimos importan (y mucho)

Aprendemos a odiar nuestro cuerpo cuando los referentes que vemos en series, películas o publicidad son casi siempre cuerpos delgados, jóvenes y ajustados a los estándares de belleza.

Los cuerpos diversos, gordos o que se salen del canon:

  • Apenas aparecen en las películas o en las series que consumimos

  • O cuando lo hacen, ocupan papeles estereotipados: la “amiga graciosa”, la “bruja”, la “torpe”, el alivio cómico

El mensaje implícito es claro: solo ciertos cuerpos merecen protagonismo, deseo o admiración.

Redes sociales, filtros y cuerpos invisibilizados

Aprendemos a odiar nuestro cuerpo cuando en Instagram y otras redes sociales solo vemos:

  • Piel sin textura

  • Barrigas planas

  • Cuerpos sin celulitis, estrías ni grasa corporal

  • Fotos tomadas desde ángulos estratégicos o con retoques constantes

Cuando los cuerpos reales no se muestran, no se normalizan.

Y si nadie muestra michelines, pliegues o marcas naturales, ¿cómo voy a sentirme cómoda con los míos? ¿Cómo voy a ver mi cuerpo como algo normal?

Aquí se refuerza una de las principales causas de la insatisfacción corporal y de los TCA, especialmente en mujeres: la comparación constante con una imagen irreal.

La presión estética

Aprendemos a odiar nuestro cuerpo cuando se nos empuja continuamente a cambiarlo para encajar en unos estándares de belleza inalcanzables.

Dietas restrictivas, productos “detox”, fármacos milagro, operaciones estéticas vendidas como solución a los problemas de autoestima.

Mensajes que prometen felicidad, éxito o aceptación social e incluso salud si adelgazamos, si nos retocamos, si “mejoramos” nuestro cuerpo.

El problema no es solo que estos estándares sean imposibles, sino que en muchos casos son peligrosos para la salud física y mental.

Ropa, tallas y mensajes contradictorios

Aprendemos a odiar nuestro cuerpo cuando:

  • Las tallas de la ropa son cada vez más pequeñas

  • En muchas tiendas solo se llega hasta la XL

  • Las modelos son extremadamente delgadas

Y cuando además recibimos mensajes contradictorios:

  • “Te veo más delgada, qué guapa”

  • “Ahora sí se te ve bien”

Mientras que ganar peso suele ir acompañado de silencio, crítica o preocupación disfrazada de comentario bienintencionado.

Así, el cuerpo se convierte en algo que debe vigilarse constantemente.

¿Qué aprendemos a través de todo esto?

Aprendemos que:

  • Solo los cuerpos que encajan en el canon son válidos

  • Salirse de los estándares establecidos tiene un castigo social

  • El valor personal parece depender del aspecto físico

¿Cómo no va a haber insatisfacción corporal en las mujeres?

De hecho, numerosos estudios señalan que sentir rechazo o malestar con el propio cuerpo es la norma y no la excepción en la mayoría de mujeres. Y esto no es un fallo individual, sino el resultado de una presión social constante. Toda esta influencia social, supone además uno de los principales factores de riesgo para el desarrollo de trastornos de la conducta alimentaria (TCA) como pueden ser la anorexia, bulimia o trastorno por atracón.

Empezar a cuestionar el mensaje

Hablar de imagen corporal, de los TCA, autoestima y presión estética no es superficial. Es necesario.

Cuestionar estos mensajes es el primer paso para dejar de culpabilizarnos individualmente y empezar a entender que el problema es estructural y contextual.

Porque nadie nace odiando su cuerpo.

Pero sí vivimos en una sociedad que nos enseña a hacerlo.


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